RETO#32 APARTADO DE CAMILA. |
APARTADO DE CAMILA
RETO#32 EL LIBRO DEL ESCRITOR.
PREMISA:Piensa en alguien a quien echas de menos y ya no está para recrear un relato cargado de emoción.
APARTADO DE CAMILA
Abro los ojos, cuando suena la alarma de las siete, me pongo
apresurado la camisa manga larga y los pantalones grises, rematados por zapatos
negros, que he olvidado lustrar, bajo por la escaleras y cuando llego a la primera
planta, vuelvo a subir, eh olvidado mi maleta, mientras mi madre me grita:
“apura paco que vas allegar tarde a clases”, me llevo una tostada a la boca, la
mastico mientras hago señas al autobús para que se pare, el lugar está repleto,
alguno chicos están ablando entre ellos, otros terminando la tarea, pero ente
todo eso un mano se alza casi al final de los asientos, reconozco las uñas
pintadas en negro y la blusa manga larga oscura, camino hasta allá, saludo a Camila
y me siento a su lado.
—Entonces como has estado paco—.dice algo tímida sin dejar
de mirarse la manos o talvez a las uñas, le han sancionado un par de veces,
recordándole que le uniforme es banco y gris, no oscuridad, pero le da igual
sus padres tienen dinero suficiente para comprar la escuela entera.
—bien, si eso, bien—.remato con una sonrisita, que es devuelta,
a pesar de que el cabello negro le tapa casi toda la cara, como si nunca
hubiese sido rubio, pero lo fue, le conozco desde hace años, pero ahora es como
si se hubiese vuelto alguien diferente.
Ha dejado de sonreír, siempre está pensando en el post apocalipsis,
creo que es gótica o algo así, no sé, ya no me cuenta demasiado, aun así
seguimos siendo amigos, aunque a mí madre
eso no le desagrade.
Pero si no soy su amigo, se quedaría sola, después de todo
los chicos le detestan y la chicas le desprecian, siempre soltando el
discursito de: “maldita rica, te morirás y seguirás teniendo dinero, anda cómprate
amigos”.
—Hiciste la tarea de trigonometría—.le pregunto tratando de
agarrarme de algún tema de conversación, normalmente me gusta estar callado,
pero ella es incluso más silenciosa que yo, pero es distinto como un silencio muerto,
de sepulcro.
—yo he no—.me lanza una miradita rápida y luego vuelve a centrarse
en sus manos, bajándose los puños de la camisa, un par de veces. —te gusta mi gargantilla—.yo
le miro perplejo unos segundos, sin saber dónde exactamente posar la mirada,
finalmente ella levanta la cara algo maquillada, resaltando su largo cuello,
que ahora se adorna con tela negra con grabados y que tiene un lasito negro en
el medio, le da un toque curioso, vuelve a agachar la cabeza.
Asiento bobamente es la primera vez que veo a una chica usar
algo así.
No es que haya estado cerca de muchas, después de todo a
diferencia de otros chicos de dieciséis no se me da bien estar con mujeres, me
pongo nervioso y suelto cada estupidez, pero por algo extraño, con Camila me
siento cómodo.
Pronto mi mente regresa los ejercicios de trigonometría,
papa es bueno para la matemáticas, al parecer no herede eso, detesto no terminar
las cosas, es como un salpullido que me recorre la piel, recordándome que hoy
no as cumplido con lo que tenías que hacer.
Empiezo a rascarme, Camila me echa una mirada extrañada, le ignoro,
estoy concentrado en hacer desaparecer la sensación, comienzo a respirar, «venga
paco, que solo te han faltado un par de ejercicios, que ya hoy los completa, no
te obsesiones tío», respiro un par de veces y el malestar se va.
Supongo que en cierta forma ambos somos extraños, a lo mejor
por eso no llevamos bien.
El autobús se frena y comienza a bajar como manada, como ovejas,
no puedo evitar sonreír ante el espectáculo, que es verles dándose empujones
por salir primero, «haber listillos si al final todo van a salir para que se
apuran».
—he, de que te estas riendo—.dice alzando la vista, al
sujetarse del siguiente asiento para ver mejor, mierda ahora que le digo.
—yo de nada, de un chiste que me acorde—. «Bravo paco, que listo
has resultado ser», al parecer se lo ah creído.
En fin, al final nos quedamos solos en el vehículo, empiezo
a caminar hacia la salida, cuando siento un peso extra en la espalda, «la
mochila no puede ser, tanto libros no cargo yo», miro hacia atrás.
Ella me sonríe, mientras me sujeta por ambos hombros, me
cuesta reconocer que es la misma que hace segundo lucia algo depresiva en el asiento,
es como si fuese otra persona.
—Tranquilo no muerdo—.me suelta, yo sigo caminando por si la
duda recordando las palabras de mi padre: “paco eres flacucho y peleas fatal,
así que usa tu inteligencia en vez de tu fuerza”, asiento al aire.
Me echo a correr, siento un ruido sordo y un par de maldiciones,
viniendo de atrás pero no me freno, salvando el campo del autobús hasta el
salón en un par de segundos, pasando de la gente, escurriéndome entre la puerta
que se cierra, algo agitado logro sentarme en mi asiento, a tiempo de que la
puerta suena.
Bueno no es mi asiento, pero casi de todas la veces que me
he sentado en el, igualmente las primera filas siempre están libres, lo que es
un ventaja para mí.
La docente me echa una mala cara, pero igual comienza a
pasar lista.
Los nombre posan uno a uno, igual que la manos levantadas o
los gritos de confirmación, yo paso de eso y comienzo a buscar el estuche de
mis lentes, cuando los hayo los saco y me los pongo, par poder ver mejor.
La lista se detiene, cuando unos golpes secos resuenan en la
puerta del salón, creo saber de quién se trata.
Mi idea se confirma cuando la maestra se levanta,
refunfuñando hacia la puerta, el gesto se le pasa cuando ve a la chica frente a
ella que resulta ser Camila, lleva el pelo alborotado, que oculta sus ojos algo
rojos por las lágrimas.
Camina y me pasa de lado, le miro y ella me devuelve una
mirada extraña, más tarde me disculpare, pero es que me asuste.
La profesora le suelta una reprimenda, ella pasa de eso y se
sienta entre las últimas filas.
Pronto las chicas apartan su asientos, formando un circulo a
su alrededor, como si llevase la peste o algo así.
Ella saca un ‘pequeño cuadernillo y un boli, como no
rematado en un calaverita, el tosido de la maestra me devuelve la mirada hacia
adelante.
La clase pasa sin muchas novedades, todos salimos a la
pizarra a desarrollar un problema y para mi mala suerte me toca el que no hice.
Intento excusarme con la maestra pero, me dice que es mi responsabilidad,
además sobre todo yo debería preocuparme o podría perder mi beca, asiento nervioso,
no puedo darme ese lujo, después de un par de minutos logro terminar el
problema.
Se acerca revisarlo, la tensión solo aumentan igual que el
cosquilleo nervioso.
Finalmente asiente y suspiro caminando, con menos peso hacia
mi asiento.
Cuando llega el turno de Camila, esta camina lentamente,
casi como si lo hiciese a propósito, jugando con sus dedos, cuando finalmente
llega a la pizarra, la docente está hirviendo, respira fuerte y le da le ejercicio
más difícil.
Después de unos segundos, deja el plumón en el estante
metálico, se lleva las manos a la cara y comienza a llorar, la profesora le
mira desconcertada, pero ella no hace más que llorar más fuerte acompañada de
sollozos.
Cuando no sabe qué hacer, atina a sacarla del aula, dejando
al salón solo, pronto el caos reina, aunque solo sean gritos y juegos, a los
que me uno, después de guardar los lentes.
Minutos después regresar la profesora, me pilla entre risas
y juegos con otros compañeros, golpea un par de veces el escritorio y el ruido seco,
pronto cada uno vuelve a su carpeta.
Algunos ordenan los libros botados y otros recogen la basura
en los alrededores, la clase continua, sin que nadie se atreva a preguntar por Camila,
en parte por el temperamento de la docente y en parte también porque al parecer
a nadie le importa lo que le suceda a esa chica.
A nadie, salvo a mí.
Cuando comienza el receso, me acerco cauteloso, hacia ella,
como si fuese unas fiera esperando a destazar a su próxima víctima, le pregunto,
ella se acomoda las gafas, como preparando cualquier respuesta, luego me suelta
que Camila está en la enfermería, que se ha desmayado a un par de metros del salón,
yo asiento y le agradezco.
Tengo veinte minutos cronometrados, para i a verle o comer.
El hambre me la puedo aguantar, la incertidumbre no, elijó
ir con ella.
Camino por el largo pasillo, pronto lo casilleros y salones
dan paso a un amplio jardín, donde juegan los alumnos del colegio, frente a mí
y al terminar el patio otro pasillo sigue, en una de la puerta de este hay un
cartelito que dice: “enfermería”.
Cuando me acerco empiezo a recordar ya cuestionarme porque Camila
escogió este lugar, después de todo tiene el dinero suficiente para ir a donde quiera,
mi madre una vez me dijo cuándo Camila aún no se había entregado a este círculo
depresivo, que sus padres querían enseñarles que el dinero no servía de nada
sin inteligencia.
En cierta forma por eso justificaban, su jodidamente pesado entrenamiento,
aun a los dieciséis años, ella podría ser perfectamente considerada como una chica
genio, supongo que se agotó de esa vida, de lo contrario por que negarse a realizar
una ejercicio, que debería ser capaz de resolver en segundos.
Incluso yo que entreno unas cuatro horas diarias para ser competitivo,
me agotaría, con un solo dio de su entrenamiento, que consistía en entrenar
cerca de doce horas diarias.
Sus padre siempre realzaban la frasecita: “se perfecto o
vete a casa”, a mí me parece una reverenda estupidez, pero cada quien con su
tema.
Toco la puerta, un par de veces, finalmente un delgada mujer
me recibe, sus ojos son morados, un color inusual, lleva puesto un bonito
uniforme.
—Que buscas aquí, jovencito—.me suelta con una voz suave.
—yo, venía a ver a Camila, me entere que se desmayó—.ella lo
duda un par de segundo pero finalmente da una paco hacia tras y abre la puerta.
Sobre la camilla, ella aún sigue durmiendo, cubierta por una
sábana blanca, hasta la altura de los hombros.
—Se pondrá bien—.digo sin apartar la vista de ella.
La enfermera asiente. —solo se desmayó, al parecer colapso
por el esfuerzo, tendré que hablar con sus padres—.dice y se detiene, tosiendo
como si acabara de decirme algo que no debería saber.
Es normal, entrenando más diez hora, cualquiera se cansa,
eso sumado a que ahora no tiene muchas ganas de pelear, solo lo agudiza.
A pesar de que intento convencerle para que me deje pasar
ella niega, diciéndome que solo el personal autorizado y los padres pueden
pasar.
Cuando veo que no lograre pasar, me marcho, junto con la campana,
que empieza a chillar.
Corro para llegar apenas a mi asiento, la docente me manda
una mirada asesinada, pero estoy demasiado cansado como para asustarme.
Al finalizar la clase, nos dejan una montaña de tarea, meto
todo a mi maleta y camino hacia el autobús, de vez en ves me detengo a ver si
logro distinguir a Camila de entre la multitud, nada.
Espero paciente en la larga fila, hasta que es mi turno de entrar, mi sorpresa es mayúscula al ver una mano levantarse, con la uñas pintadas de
negro.
Apresuro el paso, solo cuando le veo con una pequeña sonrisa,
respiro tranquilo, allí esta Camila.
Me siento a su lado, luce cansada, las arrimas les han borrado
el maquillaje, mostrando sus ojeras.
—Deberías dormir un poco—.le digo condescendiente.
—estoy bien, además tengo insomnio, ya dormí suficiente—.dice
haciéndose la fuerte, sé que lo es, pero ahora no luce así.
—oye, note que tenías problemas, con el ejercicio de
trigonometría—.ella niega con la cabeza.
—solo no podía concentrarme, llevo dos días sin dormir—.pero
que carajos como logra mantenerse en pie, yo caigo como tronco luego de un solo
día de trabajo.
—me estas mintiendo, nadie puede estar ese tiempo despierto—.digo
retándole.
—Quieres que te muestre un secreto—.dice susurrándome, yo asiento,
se desabrocha el puño de la camisa, mostrándome su rasguñada muñeca. —el dolor
te mantiene despierta—.dice ahogando las risas, igual me sonríe, lo que me atemoriza,
solo asiento.
Ella vuelve a abotonarse el puño.
No entiendo a esta chica un segundo es tímida, al siguiente
el avezada, es como si fueran dos personas conviviendo en un cuerpo.
Ese día hable con mis padres sobre la situación, ambos me
explicaron que era una amistad nociva, que lo mejor era declinar, después de
todo no podía poner en riesgo mis notas, necesitaba es beca, no pasábamos por una buena situación económica.
Después de consultarlo con la almohada, lo decidí mañana a
primera hora le explicare a Camila que ya no podemos ser amigos, aunque me duela,
yo soy el dueño de mi destino y no puedo sacrificarlo por un estúpido error o
por alguien.
A la mañana siguiente, me levante antes que la alarma sonase,
esa noche casi no dormir, por lo que me sentía pesado, logre llevarme una taza
de té a lo labios, eso siempre me calma, además de que me despeja la mente,
aprendí a hacerlo cuando veía a mis padres beber café, lo probé una bes detesto
el sabor, así que me quede con él te.
Luego de revisar toda la tarea, un par de veces, ya me ha
pasado que me dejo las cosas en casa, cierro la mochila y me despido de mis paredes,
dejando la casa vacía, cuando ellos se van a trabajar y yo a estudiar.
En fin, me subí al autobús, sin mirar atrás, preferí ir de pie,
a encontrarme con ella, en el fondo no tenía
el valor, parea decírselo de cara a cara, en la clase será, hay se lo diré, asiento
hacia mí.
Me siento, poniendo la pesada mochila en el suelo, la docente
pasa lista, levanto la mano y confirmo con un medio grito, los nombres siguen,
hasta caer en Camila, pasan lo segundos y su nombre se repite, nadie contesta.
Volteo hacia tras y el asiento donde solía estar, ahora esta
vacío.
Un minuto después la puerta es tocada con fuerza, un
fragmento de esperanza resuena en mí.
Pero se apaga, cuando el que entra él es director, un hombre
alto y obeso, le entrega con sus manotas un papel a la profesora, ella asiente,
ambos se paran de frente hacia nosotros, tosen.
—por motivos personales la alumna Camila no seguirá con nosotros—.dice
con vos monótona como si no significase nada, el director nos da un par de indicaciones,
que no les veo mucho sentido.
Entre ella de que es importante dormir al menos siete horas
y que ahora se inauguraba un ala de psicología, donde los alumnos podrían ir si
lo necesitasen, que estaría junto al ala de enfermería.
Todo asentimos por protocolo y le vemos marchar.
APARTADO DE CAMILA
Abro los ojos, cuando suena la alarma de las siete, me pongo
apresurado la camisa manga larga y los pantalones grises, rematados por zapatos
negros, que he olvidado lustrar, bajo por la escaleras y cuando llego a la primera
planta, vuelvo a subir, eh olvidado mi maleta, mientras mi madre me grita:
“apura paco que vas allegar tarde a clases”, me llevo una tostada a la boca, la
mastico mientras hago señas al autobús para que se pare, el lugar está repleto,
alguno chicos están ablando entre ellos, otros terminando la tarea, pero ente
todo eso un mano se alza casi al final de los asientos, reconozco las uñas
pintadas en negro y la blusa manga larga oscura, camino hasta allá, saludo a Camila
y me siento a su lado.
—Entonces como has estado paco—.dice algo tímida sin dejar
de mirarse la manos o talvez a las uñas, le han sancionado un par de veces,
recordándole que le uniforme es banco y gris, no oscuridad, pero le da igual
sus padres tienen dinero suficiente para comprar la escuela entera.
—bien, si eso, bien—.remato con una sonrisita, que es devuelta,
a pesar de que el cabello negro le tapa casi toda la cara, como si nunca
hubiese sido rubio, pero lo fue, le conozco desde hace años, pero ahora es como
si se hubiese vuelto alguien diferente.
Ha dejado de sonreír, siempre está pensando en el post apocalipsis,
creo que es gótica o algo así, no sé, ya no me cuenta demasiado, aun así
seguimos siendo amigos, aunque a mí madre
eso no le desagrade.
Pero si no soy su amigo, se quedaría sola, después de todo
los chicos le detestan y la chicas le desprecian, siempre soltando el
discursito de: “maldita rica, te morirás y seguirás teniendo dinero, anda cómprate
amigos”.
—Hiciste la tarea de trigonometría—.le pregunto tratando de
agarrarme de algún tema de conversación, normalmente me gusta estar callado,
pero ella es incluso más silenciosa que yo, pero es distinto como un silencio muerto,
de sepulcro.
—yo he no—.me lanza una miradita rápida y luego vuelve a centrarse
en sus manos, bajándose los puños de la camisa, un par de veces. —te gusta mi gargantilla—.yo
le miro perplejo unos segundos, sin saber dónde exactamente posar la mirada,
finalmente ella levanta la cara algo maquillada, resaltando su largo cuello,
que ahora se adorna con tela negra con grabados y que tiene un lasito negro en
el medio, le da un toque curioso, vuelve a agachar la cabeza.
Asiento bobamente es la primera vez que veo a una chica usar
algo así.
No es que haya estado cerca de muchas, después de todo a
diferencia de otros chicos de dieciséis no se me da bien estar con mujeres, me
pongo nervioso y suelto cada estupidez, pero por algo extraño, con Camila me
siento cómodo.
Pronto mi mente regresa los ejercicios de trigonometría,
papa es bueno para la matemáticas, al parecer no herede eso, detesto no terminar
las cosas, es como un salpullido que me recorre la piel, recordándome que hoy
no as cumplido con lo que tenías que hacer.
Empiezo a rascarme, Camila me echa una mirada extrañada, le ignoro,
estoy concentrado en hacer desaparecer la sensación, comienzo a respirar, «venga
paco, que solo te han faltado un par de ejercicios, que ya hoy los completa, no
te obsesiones tío», respiro un par de veces y el malestar se va.
Supongo que en cierta forma ambos somos extraños, a lo mejor
por eso no llevamos bien.
El autobús se frena y comienza a bajar como manada, como ovejas,
no puedo evitar sonreír ante el espectáculo, que es verles dándose empujones
por salir primero, «haber listillos si al final todo van a salir para que se
apuran».
—he, de que te estas riendo—.dice alzando la vista, al
sujetarse del siguiente asiento para ver mejor, mierda ahora que le digo.
—yo de nada, de un chiste que me acorde—. «Bravo paco, que listo
has resultado ser», al parecer se lo ah creído.
En fin, al final nos quedamos solos en el vehículo, empiezo
a caminar hacia la salida, cuando siento un peso extra en la espalda, «la
mochila no puede ser, tanto libros no cargo yo», miro hacia atrás.
Ella me sonríe, mientras me sujeta por ambos hombros, me
cuesta reconocer que es la misma que hace segundo lucia algo depresiva en el asiento,
es como si fuese otra persona.
—Tranquilo no muerdo—.me suelta, yo sigo caminando por si la
duda recordando las palabras de mi padre: “paco eres flacucho y peleas fatal,
así que usa tu inteligencia en vez de tu fuerza”, asiento al aire.
Me echo a correr, siento un ruido sordo y un par de maldiciones,
viniendo de atrás pero no me freno, salvando el campo del autobús hasta el
salón en un par de segundos, pasando de la gente, escurriéndome entre la puerta
que se cierra, algo agitado logro sentarme en mi asiento, a tiempo de que la
puerta suena.
Bueno no es mi asiento, pero casi de todas la veces que me
he sentado en el, igualmente las primera filas siempre están libres, lo que es
un ventaja para mí.
La docente me echa una mala cara, pero igual comienza a
pasar lista.
Los nombre posan uno a uno, igual que la manos levantadas o
los gritos de confirmación, yo paso de eso y comienzo a buscar el estuche de
mis lentes, cuando los hayo los saco y me los pongo, par poder ver mejor.
La lista se detiene, cuando unos golpes secos resuenan en la
puerta del salón, creo saber de quién se trata.
Mi idea se confirma cuando la maestra se levanta,
refunfuñando hacia la puerta, el gesto se le pasa cuando ve a la chica frente a
ella que resulta ser Camila, lleva el pelo alborotado, que oculta sus ojos algo
rojos por las lágrimas.
Camina y me pasa de lado, le miro y ella me devuelve una
mirada extraña, más tarde me disculpare, pero es que me asuste.
La profesora le suelta una reprimenda, ella pasa de eso y se
sienta entre las últimas filas.
Pronto las chicas apartan su asientos, formando un circulo a
su alrededor, como si llevase la peste o algo así.
Ella saca un ‘pequeño cuadernillo y un boli, como no
rematado en un calaverita, el tosido de la maestra me devuelve la mirada hacia
adelante.
La clase pasa sin muchas novedades, todos salimos a la
pizarra a desarrollar un problema y para mi mala suerte me toca el que no hice.
Intento excusarme con la maestra pero, me dice que es mi responsabilidad,
además sobre todo yo debería preocuparme o podría perder mi beca, asiento nervioso,
no puedo darme ese lujo, después de un par de minutos logro terminar el
problema.
Se acerca revisarlo, la tensión solo aumentan igual que el
cosquilleo nervioso.
Finalmente asiente y suspiro caminando, con menos peso hacia
mi asiento.
Cuando llega el turno de Camila, esta camina lentamente,
casi como si lo hiciese a propósito, jugando con sus dedos, cuando finalmente
llega a la pizarra, la docente está hirviendo, respira fuerte y le da le ejercicio
más difícil.
Después de unos segundos, deja el plumón en el estante
metálico, se lleva las manos a la cara y comienza a llorar, la profesora le
mira desconcertada, pero ella no hace más que llorar más fuerte acompañada de
sollozos.
Cuando no sabe qué hacer, atina a sacarla del aula, dejando
al salón solo, pronto el caos reina, aunque solo sean gritos y juegos, a los
que me uno, después de guardar los lentes.
Minutos después regresar la profesora, me pilla entre risas
y juegos con otros compañeros, golpea un par de veces el escritorio y el ruido seco,
pronto cada uno vuelve a su carpeta.
Algunos ordenan los libros botados y otros recogen la basura
en los alrededores, la clase continua, sin que nadie se atreva a preguntar por Camila,
en parte por el temperamento de la docente y en parte también porque al parecer
a nadie le importa lo que le suceda a esa chica.
A nadie, salvo a mí.
Cuando comienza el receso, me acerco cauteloso, hacia ella,
como si fuese unas fiera esperando a destazar a su próxima víctima, le pregunto,
ella se acomoda las gafas, como preparando cualquier respuesta, luego me suelta
que Camila está en la enfermería, que se ha desmayado a un par de metros del salón,
yo asiento y le agradezco.
Tengo veinte minutos cronometrados, para i a verle o comer.
El hambre me la puedo aguantar, la incertidumbre no, elijó
ir con ella.
Camino por el largo pasillo, pronto lo casilleros y salones
dan paso a un amplio jardín, donde juegan los alumnos del colegio, frente a mí
y al terminar el patio otro pasillo sigue, en una de la puerta de este hay un
cartelito que dice: “enfermería”.
Cuando me acerco empiezo a recordar ya cuestionarme porque Camila
escogió este lugar, después de todo tiene el dinero suficiente para ir a donde quiera,
mi madre una vez me dijo cuándo Camila aún no se había entregado a este círculo
depresivo, que sus padres querían enseñarles que el dinero no servía de nada
sin inteligencia.
En cierta forma por eso justificaban, su jodidamente pesado entrenamiento,
aun a los dieciséis años, ella podría ser perfectamente considerada como una chica
genio, supongo que se agotó de esa vida, de lo contrario por que negarse a realizar
una ejercicio, que debería ser capaz de resolver en segundos.
Incluso yo que entreno unas cuatro horas diarias para ser competitivo,
me agotaría, con un solo dio de su entrenamiento, que consistía en entrenar
cerca de doce horas diarias.
Sus padre siempre realzaban la frasecita: “se perfecto o
vete a casa”, a mí me parece una reverenda estupidez, pero cada quien con su
tema.
Toco la puerta, un par de veces, finalmente un delgada mujer
me recibe, sus ojos son morados, un color inusual, lleva puesto un bonito
uniforme.
—Que buscas aquí, jovencito—.me suelta con una voz suave.
—yo, venía a ver a Camila, me entere que se desmayó—.ella lo
duda un par de segundo pero finalmente da una paco hacia tras y abre la puerta.
Sobre la camilla, ella aún sigue durmiendo, cubierta por una
sábana blanca, hasta la altura de los hombros.
—Se pondrá bien—.digo sin apartar la vista de ella.
La enfermera asiente. —solo se desmayó, al parecer colapso
por el esfuerzo, tendré que hablar con sus padres—.dice y se detiene, tosiendo
como si acabara de decirme algo que no debería saber.
Es normal, entrenando más diez hora, cualquiera se cansa,
eso sumado a que ahora no tiene muchas ganas de pelear, solo lo agudiza.
A pesar de que intento convencerle para que me deje pasar
ella niega, diciéndome que solo el personal autorizado y los padres pueden
pasar.
Cuando veo que no lograre pasar, me marcho, junto con la campana,
que empieza a chillar.
Corro para llegar apenas a mi asiento, la docente me manda
una mirada asesinada, pero estoy demasiado cansado como para asustarme.
Al finalizar la clase, nos dejan una montaña de tarea, meto
todo a mi maleta y camino hacia el autobús, de vez en ves me detengo a ver si
logro distinguir a Camila de entre la multitud, nada.
Espero paciente en la larga fila, hasta que es mi turno de entrar, mi sorpresa es mayúscula al ver una mano levantarse, con la uñas pintadas de
negro.
Apresuro el paso, solo cuando le veo con una pequeña sonrisa,
respiro tranquilo, allí esta Camila.
Me siento a su lado, luce cansada, las arrimas les han borrado
el maquillaje, mostrando sus ojeras.
—Deberías dormir un poco—.le digo condescendiente.
—estoy bien, además tengo insomnio, ya dormí suficiente—.dice
haciéndose la fuerte, sé que lo es, pero ahora no luce así.
—oye, note que tenías problemas, con el ejercicio de
trigonometría—.ella niega con la cabeza.
—solo no podía concentrarme, llevo dos días sin dormir—.pero
que carajos como logra mantenerse en pie, yo caigo como tronco luego de un solo
día de trabajo.
—me estas mintiendo, nadie puede estar ese tiempo despierto—.digo
retándole.
—Quieres que te muestre un secreto—.dice susurrándome, yo asiento,
se desabrocha el puño de la camisa, mostrándome su rasguñada muñeca. —el dolor
te mantiene despierta—.dice ahogando las risas, igual me sonríe, lo que me atemoriza,
solo asiento.
Ella vuelve a abotonarse el puño.
No entiendo a esta chica un segundo es tímida, al siguiente
el avezada, es como si fueran dos personas conviviendo en un cuerpo.
Ese día hable con mis padres sobre la situación, ambos me
explicaron que era una amistad nociva, que lo mejor era declinar, después de
todo no podía poner en riesgo mis notas, necesitaba es beca, no pasábamos por una buena situación económica.
Después de consultarlo con la almohada, lo decidí mañana a
primera hora le explicare a Camila que ya no podemos ser amigos, aunque me duela,
yo soy el dueño de mi destino y no puedo sacrificarlo por un estúpido error o
por alguien.
A la mañana siguiente, me levante antes que la alarma sonase,
esa noche casi no dormir, por lo que me sentía pesado, logre llevarme una taza
de té a lo labios, eso siempre me calma, además de que me despeja la mente,
aprendí a hacerlo cuando veía a mis padres beber café, lo probé una bes detesto
el sabor, así que me quede con él te.
Luego de revisar toda la tarea, un par de veces, ya me ha
pasado que me dejo las cosas en casa, cierro la mochila y me despido de mis paredes,
dejando la casa vacía, cuando ellos se van a trabajar y yo a estudiar.
En fin, me subí al autobús, sin mirar atrás, preferí ir de pie,
a encontrarme con ella, en el fondo no tenía
el valor, parea decírselo de cara a cara, en la clase será, hay se lo diré, asiento
hacia mí.
Me siento, poniendo la pesada mochila en el suelo, la docente
pasa lista, levanto la mano y confirmo con un medio grito, los nombres siguen,
hasta caer en Camila, pasan lo segundos y su nombre se repite, nadie contesta.
Volteo hacia tras y el asiento donde solía estar, ahora esta
vacío.
Un minuto después la puerta es tocada con fuerza, un
fragmento de esperanza resuena en mí.
Pero se apaga, cuando el que entra él es director, un hombre
alto y obeso, le entrega con sus manotas un papel a la profesora, ella asiente,
ambos se paran de frente hacia nosotros, tosen.
—por motivos personales la alumna Camila no seguirá con nosotros—.dice
con vos monótona como si no significase nada, el director nos da un par de indicaciones,
que no les veo mucho sentido.
Entre ella de que es importante dormir al menos siete horas
y que ahora se inauguraba un ala de psicología, donde los alumnos podrían ir si
lo necesitasen, que estaría junto al ala de enfermería.
Todo asentimos por protocolo y le vemos marchar.
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HOLA;RECUERDA:comentar siempre con respeto y compostura;así estaré encantado de leerte :)